Por: Coralía Pino López, Responsable del área de eficiencia energética y sostenibilidad del Instituto Tecnológico Hotelero
Sí, lo has leído bien. Y tal vez lo has pensado alguna vez, aunque no lo dirías en voz alta. Al planeta que le den… al menos durante las vacaciones, por esos días en los que solo apetece desconectar y disfrutar sin culpa. Porque después de un año entero de reciclar, apagar luces y medir el consumo del lavavajillas, ¿quién no se ha ganado el derecho a desconectar… de todo? También del planeta.
Que le den. A las toallas que se cambian cada día, a las luces que nunca se apagan, a los bufés que parecen diseñados para alimentar a un ejército invisible. Que le den al consumo “responsable” cuando lo que queremos, honestamente, es placer sin remordimientos. Total, ¿qué daño puede hacer una ducha larga frente a un océano entero? Porque cuando viajamos, parece que el mundo puede esperar y nos convencemos de que, total, unos días no harán la diferencia
Pero hacen la diferencia. Y el planeta no se toma vacaciones. Cada gota que no se ahorra, cada bufé que acaba en la basura o cada habitación que mantiene el aire encendido durante horas, suma. Suma a un cómputo global que, tarde o temprano, la industria turística tendrá que saldar.
El problema es que esa idea , el permiso silencioso que nos damos para mirar hacia otro lado, ya no cabe en este mundo. El planeta no negocia, no tiene temporadas bajas ni días libres. Y cada vez que decidimos “no pensar en eso ahora”, alguien más, en algún lugar, paga la factura.
Durante años hemos hablado de sostenibilidad en el turismo casi como si fuera un lujo, una lista de buenas intenciones que quedaba bien en la memoria o en el folleto corporativo. Pero hoy la sostenibilidad ha dejado de ser un accesorio: se ha convertido en el eje sobre el que gira la rentabilidad, la reputación y, sobre todo, la resiliencia del sector.
Hoy, desde el Instituto Tecnológico Hotelero (ITH), observamos cómo el concepto evoluciona hacia un enfoque regenerativo: no solo minimizar impactos, sino devolver al entorno más de lo que tomamos. Esto se traduce en estrategias que van desde el uso inteligente de la energía y el agua, apoyadas en la digitalización y la analítica de datos, hasta sistemas de reducción y valorización de residuos y desperdicio alimentario, que convierten lo que antes era un problema en una oportunidad de eficiencia y ahorro.
Sin embargo, el verdadero cambio no reside únicamente en la tecnología o en los indicadores de consumo, ocurre en las personas. En cómo viajamos, cómo disfrutamos y cómo decidimos el tipo de huella que queremos dejar. El turista postpandemia busca conectar con la autenticidad de los destinos, pero a menudo sigue atrapado entre la conciencia ambiental y el deseo de disfrutar sin límites. Los hoteles, lejos de ser simples espectadores, pueden ser fuente de inspiración para el viajero, demostrando que la sostenibilidad no es renuncia, sino evolución: una forma más genuina y responsable de disfrutar del tiempo libre.
En ese contexto, los hoteles tienen una oportunidad única: educar sin moralizar, demostrar sin imponer. La sostenibilidad debe sentirse, no solo leerse. Para ello debe asumir la responsabilidad de integrar la sostenibilidad en la experiencia sin imponerla: desde la comodidad de una temperatura bien gestionada, hasta el placer de probar un producto local de temporada, o conocer el impacto positivo que su estancia genera.
Quizás el título de este artículo pueda leerse en clave de desafío:
“Al planeta que le den… todas las soluciones que somos capaces de crear. Que le den todo lo que de verdad merece: respeto, innovación, cuidado y compromiso.”
Porque la sostenibilidad no trata de renunciar a disfrutar, sino de aprender a hacerlo mejor. Y en ese viaje, la innovación tecnológica y la conciencia individual son los dos motores que impulsan la verdadera transformación del turismo hacia un futuro regenerativo.
En el ITH creemos que cada pequeño gesto puede transformar el futuro del turismo. Nuestra misión es inspirar y acompañar a los hoteles en ese camino hacia un modelo más consciente, donde la tecnología y la sostenibilidad se den la mano para regenerar el entorno y enriquecer la experiencia de quienes lo disfrutan. Porque cuidar del planeta es una oportunidad: la de crear un turismo que deje huella, sí, pero una huella positiva, duradera y compartida.