20/02/2012
El sector inmobiliario y la industria hotelera están unidos por un fuerte eslabón que determina, en muchos casos, el negocio estrictamente turístico vinculado a un alojamiento. Se trata de los activos inmobiliarios, sometidos, como todo el negocio inmobiliario español a los vaivenes de la crisis financiera internacional. Se han impuesto severas limitaciones a la promoción inmobiliaria y a otras actividades vinculadas, como la rehabilitación de edificios, de capital importancia para la hotelería española.
El parque hotelero español necesita, en general, apostar por la innovación y la tecnología, empezando por poner al día sus instalaciones, para hacerlas más eficientes desde el punto de vista de la eficiencia energética, la sostenibilidad y la gestión de activos. Los hoteleros no se están jugando sólo la rentabilidad del ahorro que supone la inversión en nuevas instalaciones o equipamientos, sino la capacidad de atraer a un nuevo tipo de cliente, más exigente y consciente del impacto de su ocio en el entorno.
Para el sector hotelero español, el potencial innovador es inagotable, porque la tecnología permite optimizar procesos y costes de forma precisa e integral, y la rehabilitación es parte de este proceso. Lograr reducir costes y tener instalaciones más eficientes es vital, porque las partidas de gastos energéticos son las más importantes, tras los gastos de personal.
El control de la demanda, el ahorro de energía y la sostenibilidad se convierten en compromisos inaplazables para los grandes hoteles y para los pequeños y medianos establecimientos, no sólo desde el punto de vista puramente material, sino también como argumento comercial, factor de diferenciación de marca y como pilar para construir una reputación que se traduzca en más clientes y más ingresos.
La mayor parte de los hoteles españoles no controlan de forma rigurosa el consumo energético, y en algunos casos no conocen al detalle cómo funcionan sus equipos; de hecho, la mayoría presentan niveles de eficiencia energética relativamente bajos e instalaciones que agudizan este problema, lo que se traduce en más gasto en servicios energéticos. Esta situación plantea una gran contradicción: las condiciones climatológicas y geográficas en España son las más favorables para incorporar medidas de ahorro a través de la aplicación de las energías renovables que pueden llegar a conseguir grandes resultados y, en cambio, la mayoría de los inmuebles hoteleros no están en disposición de aprovechar este inmenso potencial, y traducirlo en ahorros y beneficios.
Pero es más necesario que nunca poner en marcha un nuevo modelo energético más eficiente, diversificado y compatible con el necesario desarrollo económico, y en este sentido, la rehabilitación de edificios es el primer paso, que posteriormente se debe traducir en una estrategia de marketing y marca que integre de la dimensión medioambiental y la política energética de los hoteles. La sostenibilidad, como política de gestión hotelera, no sólo se traduce en ahorros o beneficios económicos, sino en imagen de marca y en una reputación corporativa fuerte, que no sólo aporta valor añadido al cliente, sino que también refuerza la diferenciación.
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